Psicólogo Enrique López Ambía

Terminar una relación con dignidad y respeto.

Uno de los eventos más complejos en la vida es terminar una relación, especialmente las relaciones amorosas, aun cuando las relaciones de trabajo, amistad o inclusive familiares  también pueden ser difíciles de procesar.

En este pequeño escrito abordo mi punto de vista desde la salud emocional y personal con respecto a cuando finaliza una relación en que involucramos emociones, tiempo, sentimientos, sexo y todo aquello que nos vincula con otra persona.

La premisa fundamental de este texto es que una de las personas involucradas decide unilateralmente que quiere terminar la relación, sin ambigüedades y con claridad.

Otros casos, que son mas conflictivos los abordaremos en otra entrega.

Este tema tiene dos puntos de vista, cuando NOSOTROS decidimos terminar la relación y cuando la OTRA persona decide hacerlo.

Cuando somos nosotros los que decidimos normalmente ocurre por un desgaste paulatino de la relación, si ya tiene un tiempo medianamente largo, cuando notamos que la convivencia no es lo que esperábamos y muchas veces a consecuencia de un evento en que nos vemos compelidos a detener la relación de forma abrupta. Puede haber otros casos más específicos, pero a grandes rasgos estas son las principales.

Cuando la otra persona es quien decide terminar la relación, puede ser que nosotros ya lo hubiéramos notado, por cambios en la actitud de la otra persona en nuestra convivencia cotidiana (alejamiento, frialdad, falta de comunicación, agresión pasiva o abierta, etc), se nos presenta de forma inesperada, en muchos casos sin ninguna explicación o bien con una explicación detallada de las razones (que pueden ser válidas y razonables, o bien nos quieran culpabilizar de la decisión).  Igual que en el caso previo hay otras situaciones pero concentrémonos en estos.


La dignidad humana  es el respeto a lo que somos y a lo que es el otro, la valoración de nuestra y la otra individualidad, con nuestras características y condiciones  particulares, por el solo hecho de ser  personas” (DeConceptos.com, 2019).

Igor Carusso en su libro “La separación de los Amantes” plantea que el duelo de pareja tiene un carácter doble, por una parte es el duelo de la relación en sí misma, y el otro duelo es nuestra propia muerte para la persona que se va. Este último duelo a veces es el más complicado porque implica una evaluación de nuestra propia valía, y es importante tener un trabajo fuerte con respecto a lo que somos y lo que nos define para no caer en la auto devaluación.

En toda relación de pareja se inicia con la expectativa de que haya un crecimiento personal en el hecho de compartir lo que somos y lo que el otro es, se parte de la confianza y el deseo de crecer junto con la otra persona, a veces esto es un proceso paulatino que pasa por el proceso de la amistad que encuentra en el otro algo adicional a solo el cariño amistoso. A veces es el deseo de conocer a alguien diferente, las razones son múltiples.

Las personas evolucionan, cambian y particularmente cuando nos relacionamos como pareja el conocimiento de la otra persona nos va dando información que nos permite saber qué esperar de ella o si disfrutamos plenamente de su compañía y su forma de ser; este conocimiento del otro, también va normando nuestro comportamiento y la posible reciprocidad que la relación vaya generando, nos vamos acomodando en la vinculación y al inicio siempre hay un elemento de ilusión y deseo, el enamoramiento puede ser muy placentero, pero también puede ser algo que nos ciegue a situaciones, actitudes y características de la otra persona que dada la intoxicación emocional (toda la carga de dopamina, oxitocina y otras hormonas que segregamos en esta etapa) se vuelven casi invisibles.

Una persona razonablemente madura, presta atención a su pareja, no solo en términos de lo bueno, de lo placentero, sino de quién es, cómo reacciona, cómo se compromete, qué disfruta, cómo se relaciona. Existe la idea muy arraigada de que se acepta al otro con todo lo que es, pero al inicio es muy difícil saber a ciencia cierta qué es eso que el otro es, solo el relacionamiento permite conocer al otro, y no es poco común que exista un sentimiento de ser “injusto”, “intolerante” o “egoísta” cuando nos sorprendemos teniendo un sentimiento de incomodidad con nuestra pareja, en estos casos, si somos maduros, tendremos un dialogo para establecer qué es eso que nos incomoda, si es algo fundamental que nos haga sentir a disgusto, es posible que no estemos tomando en consideración todas las circunstancias, así que lo mejor es acercarse al otro y expresarle aquello que nos inquieta. Pero si no somos lo suficientemente asertivos, es muy posible que nos lo guardemos y esperemos que el otro “se dé cuenta” y que para ello usemos estrategias que no son siempre las mejores, como las indirectas, las agresiones pasivas, los reclamos. Esto por supuesto tensa la situación y pone en el otro toda la carga de responsabilidad, cuando no hemos expresado que nosotros mismos tenemos un tema que no queremos tocar.

Cuando caemos en la situación de comunicación indirecta, chantaje, manipulación, agresión (que puede ser por parte de nosotros, de la otra persona o de ambos), estamos renunciando a la posibilidad del diálogo, el aprendizaje y por ende es una renuncia implícita de la dignidad de la persona, ya que no tenemos elementos que alimenten el respeto a nosotros mismos y al otro.

Cuando una persona nos plantea algo que indique que cometimos un error, o que estamos cometiéndolo, que lo que hacemos le incomoda o no le agrada, pero desea hablarlo, es importante que estemos abiertos al planteamiento, asumiendo que el mismo se haga desde el respeto, la claridad y un deseo de comprensión de la situación y las posibilidades de que se llegue a un acuerdo que a ambas partes deje conformes, que se puedan establecer compromisos.

En el dialogo debe siempre estar presente la capacidad de revisar a qué estamos dispuestos y a qué no, el hecho de que se nos plantee algo de forma respetuosa no implica que debamos aceptarlo, eso es parte de ser asertivos. Es en este caso cuando es indispensable aceptar que a veces el dialogo lo que deja clara es la viabilidad o inviabilidad de la relación.

Si el resultado de este dialogo es enriquecer la relación, encontrar caminos de resolución, el diferendo será algo que abone en la relación, el vínculo se verá fortalecido.

Si en este proceso, nos vemos compelidos a aceptar acuerdos que se nos imponen como condicionales de la relación debemos ser muy autocríticos de lo que hemos estado haciendo, quizá tengamos actitudes violentas o autodestructivas (adicciones, infidelidad u otras), pero también debemos ver si no parten del deseo de control de la otra persona, una necesidad enorme de que renunciemos a nuestra esencia en aras de que nuestra pareja se sienta segura.

Insisto que cada caso es distinto, pero si hablamos de dignidad y respeto, siempre estaremos poniendo el valor propio y el de la otra persona por delante del argumento.

En las relaciones violentas, de abuso, manipulativas es muy obvio que debemos poner límites y en su caso terminar la relación como una estrategia de auto conservación de la dignidad personal, sin embargo a veces las relaciones pueden ser placenteras, agradables, de confianza y aun así NO LLENAR nuestros deseos en una convivencia de pareja, quizá nuestra pareja es una persona increíble, simpática, inteligente y muchísimas otras características, que seguramente fueron las que inicialmente te atrajeron, y puede ser igualmente en el otro sentido, que tu tengas esas características y que por eso atrajiste a esa otra persona.

Pero el que una persona sea “increíble” y llena de virtudes, no asegura, NI OBLIGA, a que la relación perdure, y este es el centro de algo que puede ser muy sencillo o muy complejo. Cuando somos asertivos y hacemos una reflexión donde interiorizamos lo que sentimos por el otro, podemos llegar a la conclusión de que la relación no va a evolucionar y en este caso debemos decidir cómo decirle a la otra persona que no deseamos que la relación continúe, desde el agradecimiento, el reconocimiento de lo que recibimos, y la claridad de que ya se hizo una revisión personal de lo que identificamos como no viable. Nunca se debe usar esto como un medio de presión para que la otra persona cambie, eso es un chantaje. Tampoco se deben dar esperanzas falsas, esto es lo correcto para respetar la dignidad de la otra persona y la propia.

Si estamos en el caso de que se nos presente a nosotros tal decisión, debemos escuchar con atención, identificar si la persona está siendo clara y determinar si tiene sentido buscar explicaciones adicionales, pero tratar de detener a una persona que considera que la relación ya no puede o debe continuar puede ser el inicio de una espiral de concesiones y de la renuncia a la dignidad personal. Si existe una disposición al dialogo se debe tener en cuenta que esta persona ya hizo una revisión y que lo más probable es que no tenga sentido intentar sostener la relación a cualquier costo, particularmente si esto implica renunciar a nuestros valores personales o vernos en la posición de humillarnos con tal de conservar la relación. Si la persona está usando la estrategia de terminar la relación para obtener algo que de otra manera no lograría, hay que tener claro que eso en sí mismo es una señal de que la relación no tiene un sustento sano, por lo que es mejor tomar la oportunidad de terminarla, aun cuando aparentemente sea una pérdida, no lo es.

Así que en términos de ponerle fin una relación sanamente, debemos estar dispuestos a aceptar la pérdida de la relación y todos los posibles estímulos que nos daba, ya sea que tú lo decidas o que se te presente tal decisión.

Repito que en una relación sana, donde se pone en la balanza qué es bueno y qué es malo, qué puedes aceptar y qué no, se recurre a un dialogo previo, y en todo caso  se debe hablar con claridad y de forma terminante (pero respetuosa), de la situación.

En algunos casos es posible que una relación se convierta en una amistad, pero por regla general esto ocurre después de un tiempo razonable y ya que se hizo un proceso de duelo, aunque el planteamiento de la amistad inmediata suene atractivo y aparentemente maduro, no siempre es lo más sano emocionalmente, y pude dar lugar a regresos o eventos que generan ambigüedad en la decisión que se plantea, alimentando un vínculo traumático que será más difícil de romper.

Las relaciones en común, los amigos, el trabajo, actividades, grupos etcétera, deben manejarse con especial cuidado, el espacio de convivencia en muchos casos debe ser advertido de la situación y marcarse límites bien claros con respecto a su posible intervención, aun cuando mucha gente actúa de buena fe, sus oficios para procurar reconciliaciones o para “mantenernos informados”, pueden ser perniciosos, si tenemos algún conocido en esta situación debemos de guardar un espacio respetuoso, y no llevar y traer de uno a otro pensamientos o chantajes. Si es necesario se deben poner claros límites en la participación en dichos grupos para evitar que se generen situaciones que permeen a nuestro proceso de duelo, estorbándolo o haciéndolo mas doloroso. Los amigos honestos te darán el espacio que necesitas, no te llevarán chismes o historias, ni tratarán de que tomes decisiones que no se basen en tu propia reflexión.

Hay que darse espacio para vivir el duelo, si te han hablado claramente, no sigas insistiendo o tratando de comunicarte de forma indirecta con la persona que tomó la decisión de que la relación terminara. Si existe algún tema que cerrar, hazlo con respeto a tu persona, a tu dignidad.

El auto respeto y el auto cuidado pasan por la elaboración del duelo, la venganza y el desquite solo perpetúan una relación poco sana, lastiman a terceros y a ti directamente, ya sea que la otra persona responda o no.

Un tema indispensable es el honrar la confianza que se haya depositado en tí, lo que se cuenta en pareja debe quedar en pareja, si tu usas esos temas como herramientas para lastimar o chantajear, independientemente de la veracidad o falsedad de dicha información, estas mostrando que no eres una persona digna de confianza.

Habla con tus amistades del tema, ve a terapia, elabora un duelo más profundo si te sientes lastimado, pero  en todo caso, el que una persona termine contigo o que tú hayas decidido terminar una relación, tu propia dignidad pasa por el respeto, el agradecimiento y la auto observación. A la larga es lo más sano y te permitirá salir adelante sin dañarte y sin dañar a otros.

Referencias

DeConceptos.com. (2019). Retrieved from https://deconceptos.com/ciencias-juridicas/dignidad-humana

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